Cuando el camino pesa: sobre recaídas, merecimiento y la espera que duele

Cuando el camino pesa

Hoy no ha sido un buen día. No he comido sano, tampoco he ido a nadar ni a yoga. Y no porque me haya pasado nada grave, sino porque estoy cansada de esforzarme. Después de tantos años de autoconocimiento, trabajo interno, aprendizajes, hábitos, ejercicios… todavía me duele no haber conseguido lo que sueño . Y me pregunto: ¿por qué a mí me está costando tanto?

Hay días en los que uno se siente como un farsante. Como si hablar de sanación o autoconocimiento exigiera haberlo conseguido todo, cuando en realidad lo que más enseña es el tránsito, no la cima. Hoy me siento así: con tristeza, con frustración.

Hay una parte de mí que dice: yo puedo y me lo merezco. Pero otra susurra: no es verdad, si lo merecieras ya habría llegado. Esa voz es cruel, sí, pero aparece cuando estás vulnerable. Y hoy ha aparecido.

¿Qué se hace con esa parte? No la quiero ocultar. No la quiero censurar. Quiero escribirla. Quiero darle un lugar, porque tal vez, al dejarla hablar, se disuelve un poco. Tal vez, al mostrarme real, sin capas, estoy haciendo lo que más sentido tiene: vivir lo que soy, incluso en la oscuridad.

Y mientras escribo, recuerdo que también nos regimos por leyes naturales.

Ley del Silencio y la Oscuridad

Antes de que algo brote, hay oscuridad: la raíz bajo la tierra, la crisálida, el invierno. Lo invisible es parte esencial del proceso. No se ve, pero está sucediendo. La naturaleza confía en lo que no se ve.

¿Qué hago entonces cuando me siento así?

Hoy no he hecho nada. Y eso también está bien. No siempre hay que empujar. El descanso también es parte del camino. No ir a yoga, parar, mirar al techo, o simplemente escribir… también es una forma de seguir.

No eres un farsante por sentirte mal, eres honesto. No eres menos sabio por tener recaídas, eres humano. Y no necesitas tenerlo todo para estar construyendo algo verdadero desde el alma.

Ley de la Economía Natural (o del no desperdicio)

La naturaleza no desperdicia nada. Todo se transforma: las hojas que caen nutren la tierra, la muerte da lugar a nueva vida. Tus errores, tus pausas, tus lágrimas: todo forma parte del abono.

Como el otoño: lo que cae no es pérdida, es renovación silenciosa.

No sé si mañana me sentiré mejor. Pero hoy me siento así, y está bien escribirlo. No quiero que mi proceso parezca perfecto, porque no lo es.

A veces, lo más valiente que puedes hacer es seguir habitándote con amor… incluso cuando nada parece florecer aún.
Porque en lo invisible, la vida ya está ocurriendo.

Sé que no estoy sola. Y si tú también te sientes así a veces, te abrazo desde aquí.

Seguimos.

Si estás en este proceso, quizá te acompañe seguir explorando El camino de Sana Siente Ama, donde cada paso tiene sentido.