
Durante mucho tiempo siento que hay dos partes en mí que tengo que encajar.
Una ama la belleza.
La estética.
La moda.
La decoración.
Los espacios bonitos.
El cuidado personal.
La armonía de las formas.
Y la otra necesita comprender lo invisible.
El sentido de la vida.
La conciencia.
La transformación humana.
La espiritualidad.
Las grandes preguntas.
Y muchas veces me pregunto si ambas cosas pueden convivir realmente y algún dia será una realidad.
A veces pienso que quizá me estoy equivocando.
Que tal vez debería seguir con un camino más “normal”, más fácil de explicar, como hasta ahora.
Ser únicamente economista.
O simplemente quedarme en lo externo, en mi rutina.
Pero la realidad es que no puedo evitar sentirme profundamente atraída por todo aquello que transforma al ser humano desde dentro.
Y, al mismo tiempo, tampoco puedo negar que la belleza me conmueve.
No solo la belleza física.
También la belleza de los espacios, de los objetos, de la sensibilidad, de aquello que transmite algo sin necesidad de hablar.
Cuando conecté y descubrí que esto me emociona y me representa, durante algún tiempo creí que tenía que elegir entre una parte y otra.
Entre lo espiritual y lo bello.
Entre profundidad o estética.
Entre alma o materia.
Pero ahora comprendo que quizá mi camino nunca consistió en elegir…
sino en integrar.
Hace poco pregunté al I Ching por esta confusión que siento por querer conectar la belleza y la espiritualidad.
Y la respuesta fue profundamente reveladora.
Apareció el hexagrama 11, La Paz.
La unión entre cielo y tierra.
Lo creativo y lo receptivo encontrándose en armonía. La respuesata no podía ser más acertada , simbólicamente esto representa perfectamente la unión entre la espiritualidad (cielo) y la belleza ( tierra /materia).
Después apareció el hexagrama 53, La Evolución.
El árbol sobre la montaña.
La evolución verdadera no ocurre de golpe.
Crece lentamente.
Como un árbol que echa raíces antes de tocar el cielo.
Entonces comprendí que Sana Siente Ama no es solo un proyecto.
También está siendo un camino para descubrirme a mí misma.
Porque en realidad, mi visión siempre estuvo ahí.
Hace años imaginaba una galería o una tienda de objetos con alma.
Un lugar donde la belleza no fuese superficial, sino simbólica.
Donde un objeto pudiera emocionar, transformar, recordar algo esencial.
Pero antes de construirlo fuera…
parece que necesitaba construirlo dentro de mí.
Comprender quién soy.
Aceptar lo que me gusta.
Reconocer mi sensibilidad.
Y dejar de pensar que belleza y profundidad son opuestas.
Y quizá por eso este camino está siendo tan lento y tan profundo a la vez.
Estoy aprendiendo a habitar mi propia verdad.
La sensibilidad.
La belleza.
La profundidad.
La materia.
El alma.
Paso a paso.
Raíz a raíz.
Como el árbol sobre la montaña.
Y si alguien que lee esto también siente que hay partes de sí mismo que no encajan…
quizá no haya nada roto.
Quizá simplemente tenga que aprender a unirlo todo.
Tal vez el verdadero propósito no sea elegir una sola parte de nosotros…
sino atrevernos a convertirnos en la integración de todas ellas.

